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Anticonceptivos

Durante las primeras décadas del siglo XX, los anticonceptivos eran considerados un mal moral, por casi todas las religiones tradicionales. A pesar de eso en 1960 y 1970, los anticonceptivos comenzaron a ser considerados como un signo de responsabilidad, una marca de progreso, vinculado a la felicidad y a la calidad de vida. Y sus implicaciones morales se convirtieron en un “asunto de consciencia.”

Claramente el día de hoy el uso de anticonceptivos se ha convertido en el “estándar” no sólo para parejas casadas, sino también para los adultos jóvenes. La realidad es que existe una poderosa industria multimillonaria que se beneficia de la producción de estos anticonceptivos, fomenta su uso, y se protege contra ataques y legislaciones. Como resultado de esto, los niños están siendo criados en una cultura con el mensaje no muy sutil, de que el embarazo es una amenaza para la libertad y felicidad de la persona.

Muchas parejas que asisten a las clases de la Planificación Natural de la Familia, vienen con esa idea distorsionada de lo que constituye la libertad y felicidad de una persona, e incluso de la paternidad responsable.

Tanto la anticoncepción como la esterilización atentan contra la dignidad del cuerpo humano. Al decir que el cuerpo humano es la expresión de la persona, reconocemos que el cuerpo tiene un valor y dignidad infinitos.  La persona no es simplemente un colectivo de funciones biológicas, órganos y sistemas.  Pero a través de estas harmoniosas complejidades podemos ver algo más allá de lo físico.  Vemos una realidad de equilibrio y  sabiduría que refleja el misterio de la persona, imagen de Dios.  La persona humana es mucho más que la suma de sus partes. Ya que el cuerpo imagen de Dios, no es una máquina; la teología del cuerpo nos dice que nunca se debe dañar o alterar un órgano sano y que funcione de forma adecuada. Si el sistema reproductor está sano, no hay razón para alterarlo.

Cuando se utilizan procedimientos quirúrgicos, drogas u otros dispositivos con el propósito de alterar su funcionamiento, se atenta contra la dignidad de la persona.  Limitar el cuerpo a una serie de órganos y funciones cuyo valor reside en la conveniencia que nos brindan es tratar al cuerpo/persona como un objeto, como una cosa.  El cuerpo no es una cosa que se puede manipular como si fuera nuestra propiedad. Las personas se aman y respetan, las cosas se usan.  El cuerpo es parte integral de la persona. La anticoncepción y la estilización son prácticas donde el cuerpo se trata y se usa como un objeto.

Usar el cuerpo es contrario al amor.  Las parejas que usan anticonceptivos o se esterilizan rechazan la vida. No existe el amor sin el deseo de dar vida.  Y relación sexual no puede ser una expresión física de amor (de la manera que se expresa en el acto conyugal) cuando la pareja no tiene la apertura a aceptar la posibilidad de que Dios les bendiga con un hijo. Este punto fue enfatizado por el P. Juan Pablo II en la Familiaris Consortio, al señalar que en contraste con “lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente”.11  Aquellos que usan anticonceptivos y se esterilizan se mienten el uno al otro durante su relación sexual: el cuerpo pretende expresar una entrega incondicional de sí y los anticonceptivos y la esterilización hablan de reservas y condiciones para la entrega  Los que usan estos medios no aman porque no tienen la intención de darse al otro de forma total. (Cabe señalar que la Iglesia puede perdonar el pecado cometido, además de que no requiere que quien se ha esterilizado tenga que someterse a una “reversión”.
Tanto la anticoncepción como la esterilización violan la dignidad humana y atentan contra el amor al que estamos llamados como imagen de Dios.

visión

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